martes, 28 de febrero de 2017

Reseña: ALICIA de Miguel Aguerralde.



Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:

ALICIA de Miguel Aguerralde.

El éxito sonríe al escritor Ciro Roma, su joven familia está a punto de crecer y su nueva novela le catapultará al estrellato. No debería complicarse engañando a su esposa.

Samanta es feliz a pocos meses de dar a luz, casada con el hombre al que ama. Solamente encontrarle en una situación horrible podría cambiarle la vida.

Joao Xabier está a punto de abandonar la prisión después de pasar demasiados años encerrado por un crimen que no ha cometido. No obstante sabe a quién tiene que ajustarle las cuentas.

Los caminos de los tres se verán truncados con la llegada de María a la casa de la playa. La cara más terrible del ser humano les pondrá a prueba, les llevará hasta el límite, y colocará a María al borde de la muerte.

Alicia, ábreme la puerta.

Dicen que el amor mueve el mundo. Aunque seguramente lo digan los mismos que dicen que una dieta rica en fibra ayuda a una vida saludable y más feliz. No, lo que realmente mueve el mundo, lo que realmente hace reaccionar a la gente es el miedo y la violencia. No vivimos en una sociedad precisamente benevolente, y buena prueba de ello son las historias de ficción que disfrutamos en los distintos medios audiovisuales. La gente no quiere que les cuenten una historia de amor que empieza desde la primera cita en una sala de cine y acaba en una celebración nupcial mientras que todo el trayecto intermedio transcurre sin complicaciones. Puede que los cuentos de hadas estén bien para querer formar parte de uno de ellos en la vida real, pero recordemos que ni estos se libran de momentos oscuros donde el dolor, la tristeza e incluso la muerte adquieren un papel protagonista.
Hay muchos sentimientos inestables que, al ponerlos al límite constituyen el germen principal de este tipo de historias, y el amor es posiblemente el más peligroso de ellos. Un ingrediente químico que mezclado con otro puede dar como resultado una formula capaz de curar todos los males o, al contrario, explotarnos en la cara y llevarse por delante cualquier cosa en un radio de distancia bastante amplio. Un sentimiento capaz de convertir a una persona en un dulce y tierno animalillo o en la más letal de las bestias, algo que los protagonistas de la última novela de Miguel Aguerralde, ALICIA, van a aprender muy a las malas.

Esto es algo a lo que, todo sea dicho de paso, los personajes creados por el escritor de origen madrileño deberían estar acostumbrados, y de manera bastante variada. Desde su saga criminal protagonizada por Matt el Rojo (ÚLTIMA PARADA: LA CASA DE MUÑECAS o NO PODRÁS SALIR entre otros), pasando por un pequeño apocalipsis zombi con orígenes malditos en CAMINARÁN SOBRE LA TIERRA e incluso el terror de raíces licántropas de LABERINTO. El uso del sentimiento violento en las historias no alberga ya apenas misterios para Aguerralde, y no va a faltar dicho recurso en su nueva obra, editada ésta vez por Cazador de Ratas, que nos ofrece para la ocasión un cóctel con altas dosis de thriller, terror psicológico, drama y un ligero toque de buen Rape & Revenge y otro de Lo Que La Verdad Esconde. Una novela de la que supongo que estoy obligado a decir que es su trabajo más maduro ¿No?, y no lo voy a negar, porque lo es, manteniendo todo lo bueno que lleva ofreciéndonos el autor en sus libros, aunque añadiendo alguna carencia ¿O quizá excesos?. Pero no nos adelantemos...

ALICIA ante todo es una novela que demuestra que el hombre no es como una moneda, capaz de mostrar una u otra cara, ambas totalmente opuestas. La mente humana no es tan limitada y es capaz de mostrar el bien y el mal en múltiples facetas que, como un dado dando vueltas, nos mantiene expectantes ante un destino incierto para los implicados. Y es en este aspecto en el que el autor se apoya para mostrar su talento a la hora de construir mentes partiendo de cero y personalidades perfectamente diferenciadas. Esto se ve en la trama, que nos llevará a un constante ir y venir tanto de escenarios, situaciones y personajes, para los cuales llegará el momento en que solo necesitemos un pensamiento, unas pocas palabras o un gesto para saber a cual de ellos acompañamos en ese momento e incluso, como si de un espíritu vigilante fuéramos, predecir sus propios movimientos más inmediatos o ideas, en un terreno que además sentimos reconocible, pero no por ello perdiendo el deseo de formar parte de todo por su previsibilidad, ya que constantes sorpresas y giros que a su vez prometen más momentos de revelaciones y confusiones se termina traduciendo en comodidad para el lector. Y esa comodidad se transforma a su vez en necesidad o adicción.

ALICIA actúa como una droga, con subidones muy fuertes pero también con sus momentos de bajón, aunque sabemos que por muy malos ratos que nos haga pasar, siempre terminaremos comprando una nueva dosis, en este caso, a leernos un nuevo capítulo tras otro. Dejándonos de metáforas, lo que quiero decir es que esta es una novela que engancha al lector y no lo suelta hasta su desenlace. Incluso en cierto momento que parece que empieza a hacerse cuesta arriba la lectura no llega a resentirse, porque es una de esas cuestas que auguran unas vistas espectaculares al final, y cuando llega ese ansiado momento no decepciona.

No es difícil reconocer que esta historia se compone en buena parte de retazos de tramas y momentos que fácilmente reconoceríamos en relatos similares, fragmentos ellos que unidos al lado más personal e imaginativo de Aguerralde componen, por contradictorio que pueda sonar dado mi último comentario, un relato completamente original que huele a nuevo desde el comienzo hasta el final y de la que es complicado hablar argumentalmente y no arriesgarme a desvelar nada importante. Hasta la propia sinopsis resulta algo tramposa, y nos daremos cuenta de ello cuando realmente estemos sumergidos en la trama, pero no deja lugar a duda de que asistimos a una huida y persecución simultánea, donde la venganza acaba mezclándose con un enfermizo y deformado sentido del amor. Si a esto le añadimos unos personajes compuestos en parte por secretos inconfesables, mentiras y sospechas, tenemos como resultado una atmósfera opresiva, insana, capaz de hacernos desconfiar de todo y todos, algo exagerada si la comparamos con  situaciones desgraciadamente parecidas de la vida real si, pero en otros casos amargamente similar. Y es que la existencia de la violencia de género es tan terrorífica que la ficción difícilmente puede superar a la realidad en estos casos.

Si seguimos hablando de las virtudes de ALICIA no podemos olvidarnos de la puesta en escena. Miguel Aguerralde siempre ha sabido mantener un estilo muy visual en sus letras, no en lo que concierne a personajes y a sus descripciones, las cuales tienden a ser bastante básicas e invitan al lector a completar los detalles de su aspecto, pero si en lo referente a escenarios y a los momentos de mayor carga emocional, donde la acción se muestra fluida, casi frenética y sin censura, y es que la lectura alberga escenas no aptas para sensibles dignas del mejor slasher, avisados quedáis.

Por desgracia no todo puede ser un camino de rosas, y no faltan un par de obstáculos que sin llegar a dificultar el viaje, sí son dignas de mención.

Volviendo al tema de los protagonistas, decía anteriormente que Aguerralde se esfuerza por forjar grandes personalidades en sus creaciones. Buena prueba de ello es Ciro Roma, un personaje que me parece fantástico, por su sencillez dentro de la complejidad y caos que conviven en su mente, que guía sus actos más por el instinto que por la premeditación, lo que le convierte en una bomba inestable e impredecible, una pieza de orfebrería tan brillante que más de una vez nos sobresaltaremos aterrados al vernos reflejados en él.
Lamentablemente no todos los actores que pasan por el escenario de la obra ALICIA tienen tan bien asimilados sus papeles. Es el caso de dos de los otros protagonistas principales, que releen sus papeles y se esfuerzan tanto que acaban sobreactuando y llevando las emociones que quieren representar  tan al extremo que solo consiguen lo contrario de lo que buscan: que no nos lo creamos. Leer los pasajes protagonizados por María y Joao Xabier es como si un colega nuestro con varias copas de sobrecarga te contara una anécdota o leyenda urbana que ha escuchado por ahí. Si, engancha e interesa, pero el narrador tiende a exagerar tantos detalles que ya no sabes qué datos tomar como reales y cuales se está sacando de la manga para dar mas emoción o sensación cinematográfica.

Hay un elemento que suele ser muy común en este tipo de historias llenas de intrigas y momentos clave donde el protagonista está a punto de saber lo que es que le hagan una colonoscopia con un martillo neumático o  sencillamente esté a punto de sucederle un acontecimiento que dé píe a un prematuro "Fin de la historia". Hablo de ese factor salvador, la casualidad, ya sea provocada por una serie de afortunados actos, por la alineación de los astros o por intervención divina. No es un mal recurso e incluso puede dar resultados bastantes satisfactorios cuando se sabe utilizar, y siempre que se mantenga un limite en su uso, un límite que yo al menos creo que debería estar en una única vez por novela. Recurrir en más de una ocasión a la casualidad y el oportunismo termina ocasionando que la arbitrariedad de la trama pierda sentido y en consecuencia buena parte de su realismo, y ALICIA por desgracia posee varios de esos momentos que nos dejan con cierta sensación de extrañeza y artificialidad, convencidos de que algunas cosas podrían hacerse de otro modo sin recurrir a tan salvador recurso.

Con todo, Miguel Aguerralde ha creado con ALICIA una buena novela, muy buena si tenemos en cuenta que analiza los más pequeños detalles y, haciendo que pasen de manera totalmente desapercibida por el lector, construir con ellos un túnel que conecta la ficción con la realidad y critica duramente ésta última. Si buscáis en ella una novela que casi te obliga a leertela del tirón, que te resulte difícil no dejarla y que prometa sorpresas y emociones fuertes, Habéis dado en el clavo. Y repito, solo por ver lo que su autor ha creado con el personaje de Ciro, el disfrute está garantizado.

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