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miércoles, 28 de junio de 2017
Reseña: EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS de Sergio Moreno.
Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:
EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS de Sergio Moreno.
Un cuervo posado sobre la luna.
Eso es lo que ve Darío cuando, a una semana de cumplir once años, los noticiarios de todo el planeta se llenan de imágenes que muestran una extraña sombra cubriendo parte de su circunferencia. Septiembre está empezando a alfombrar la ciudad con un manto de hojas muertas y, mientras él trata de imaginar una causa para semejante suceso, el mundo vive pegado a la televisión. Pero lo que deben ver no está tras las pantallas, sino tras los cristales de las ventanas.
Mientras tanto, no muy lejos de allí, un hombre lo contempla todo con una sonrisa de satisfacción. Porque cree saber qué es lo que está pasando. Porque todo está escrito en un libro que le ha obsesionado desde su juventud. Siempre supo que todo lo que contaba era cierto, y ahora que el mundo parece condenado, el nombre de su autor ha pasado a ser el de su Dios particular. «Charles Hoy Fort lo sabía -se dice-. La cuenta atrás ha empezado».
Darío deberá enfrentarse al miedo y la soledad cuando el silencio se coma su vida, cuando la lluvia se lleve consigo todo lo que fue y deje únicamente a un niño con un chubasquero amarillo y una mochila a la espalda en las calles de Madrid.
Unas calles que pronto se teñirán de rojo.
Que si, que vale, que disfrutamos presumiendo de las bellezas naturales de nuestro querido planeta o de las maravillas que la mano humana a lo largo de su historia ha construido para formar parte de la eternidad y del legado de nuestra especie. Nos sentimos orgullosos de nuestro hogar, y los que tenemos un par de dedos de frente nos preocupamos por su bienestar, lamentando cuando alguien hace enfermar alguno de sus pulmones con incendios o deforestaciones, o cuando el fanatismo religioso aniquila ungidos por el odio y la ceguera, miles de vidas de nuestros semejantes o herencias artísticas de otros tiempos, de otras culturas. Nuestra alma llora y nuestro corazón se llena de rabia.
Pues eso, que si, amamos a nuestro mundo por encima de todas las cosas aunque no seamos conscientes de ello. A fin y al cabo, sin él no podríamos vivir, y ésta vez no estoy usando una metáfora romántica para acrecentar la belleza de las emociones, sino que es de cajón. Igual es ese amor, esa dependencia de su constante presencia y abrazo la que hace que en algún momento de nuestras vidas todos y cada uno nos imaginemos sin ella, fantaseando con verlo convertido en una bola de fuego y cenizas, inundado o poniendo a la especie humana en peligro de extinción a manos de algún tipo de amenaza biológica o sobrenatural.
Y sin duda en este campo los escritores, guionistas y cuenta historias en general parecen tener un don para mandar a nuestro planeta a tomar por culo cada poco tiempo y de maneras tan variadas e inverosímiles, que pocas cosas quedan que el mundo y sus habitantes no hayan sufrido ya en algún momento. Nos han echado encima plagas de muertos vivientes, nos han invadido dioses ancestrales de otros tiempos y dimensiones. Terremotos, maremotos y demás fuerzas de la naturaleza desatada ya no tienen secretos para nosotros. Los alienígenas parecen tener a la Tierra como centro turístico para hacer erasmus y hasta los seres del inframundo se dan de vez en cuando paseos por la superficie para matar el tiempo y lo que se les cruce. ¡Joder!, si hasta han demolido el planeta entero para construir una autopista...
En fin, que hemos llegado al punto en que ante las primeras evidencias de un nuevo desastre que ponga en jaque el concepto de vida que nos llega en formato libro, película o videojuego apenas consigue un efecto de vana curiosidad y un vago y desganado alzamiento de ceja. Y es que las herramientas y los materiales están ahí. Solo hay que saber utilizarlos.
EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS es el resultado de la combinación de ambos elementos, teniendo como arquitecto a Segio Moreno, autor madrileño que tras probar suerte en el mundo de los relatos corto con SUSURROS DE SÓTANO Y DESVÁN y el terror sobrenatural de INSOMNIO, nos trae su visión personal del apocalipsis definitivo. Y sinceramente, soy el primer sorprendido al comprobar que el resultado es espectacular.
Aparte de bastante cansino (lo se, lo siento), la literatura Z es uno de los mejores ejemplos (al menos una buena parte de las publicaciones más actuales de dicho género) de como el fin del mundo, el día del juicio final ha perdido buena parte de su significado emocional y, sobretodo, su impacto. Ponernos un puñado de muertos vivientes deambulando por las calles, arrastrando los pies mientras un grupo de supervivientes se refugia en un comercio u hogar una, y otra, y otra vez ha hecho que la visión general del desastre y su significado pierda completamente el sentido a favor de historias individuales de índole personal que resultarían en muchos casos poco creíbles si buscáramos el realismo más extremo en los relatos. Es decir, el fin del mundo en la literatura y el cine se ha convertido en una simple excusa en lugar del motivo o el eje en torno giran el nudo y desenlace. Así, Sergio Moreno busca y encuentra con su nueva novela el equilibrio entre la trama personal y la constante amenaza que supone cada paso, pensamiento o decisión, y lo hace de la manera más cruel pero efectiva: a través de los ojos de un niño, la más pura de las inocencias enfrentada a la más atroz de las pesadillas, un horror no siempre desconocido, pero usado de manera eficaz, sin ataduras y cargado de referencias.
Sergio parece usar su mente como una inmensa esponja, absorbe datos, escenas, influencias de todo tipo y origen y los acumula para después vomitarlos y dar forma a sus novelas. EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS es el mejor ejemplo de ello y a lo largo del viaje que se nos propone no serán pocas las veces que intentemos hacer memoria recordando dónde hemos visto una u otra cosa. Y hacer eso es una perdida de tiempo ya os lo digo yo , puesto que cada elemento está compuesto por multitud de detalles que convierten lo conocido en nuevo...
Bueno vale, vamos a ser sinceros y un poco claros por una vez. Si buscáis una idea básica pero clara del tipo de relato que vamos a encontrar aquí, podríamos definirla como el resultado de una tarde de copas entre H. P. Lovecraft y Richard Matheson mientras Santiago Eximeno sirve las bebidas,... y ni siquiera así, puesto que mundos como los de los videojuegos o el cine a menudo alzan la voz muy alto en estas páginas. Dead Space, The Last of Us, The Thing, Soy Leyenda, una pizca de tonos macabros que aprobarían Brian Keene o Clive Barker de seguir escribiendo terror. Sin olvidar esa necesidad de seguir leyendo hasta el final para resolver el misterio propia de autores de nuestra tierra como Victo Conde. Siguiendo así, tendríamos una novela que, lejos de ser una aberración, un Frankenstein hecho con trozos de aquí y de allá y nada propio, parece moldeado de cero, otorgando a cada curva, cada costura, una personalidad si no propia, en absoluto reprochable.
A Fin y al cabo esta es una historia sobre el fin. Un fin que llega prácticamente antes de que la vida de muchos de comienzo, porque con solo 11 años, Darío y su familia contemplan como su existencia y el mundo que les rodea cambian radicalmente, sustituyendo preocupaciones que hoy ocupan casi todo nuestro tiempo como el trabajo o nuestro nivel económico por otros que convierten cada paso dado en un golpe de suerte si éste no acaba con alguien muerto. Un apocalipsis que Sergio se cuida de mostrar al detalle, haciéndolo evolucionar para inspirar al lector terrores e inquietudes que puede que ya conozcan de campos como el horror cósmico hasta llegar al más explícito gore, detalles que flotan en un caldo atmosférico que en ocasiones recuerdan los peores terrenos de niebla y oxido rojo de ese lugar tan conocido como es Silent Hill y sus habitantes. Y tampoco es solo el personaje de Darío el que se lleva el mérito de que el lector descubra sensaciones escalofriantes, ni la transformación de lugares conocidos (sobre todo para madrileños) en paisajes de autentica pesadilla, sino la unión de ambos y la misión que cumplen juntos.
Porque muchas veces se nos han vendido una historia de terror que, en el momento de la verdad nunca consigue salir de un relato con mucha acción, violencia, muerte y algún intento fracasado de giro argumental inquietante. EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS es un crescendo rítmico de emociones donde destaca, por fin, la capacidad de tener al lector incómodo y angustiado. Sensaciones desagradables que no le abandonan ni siquiera cuando el pasaje sugiere una breve pausa de tanto sufrimiento y horror, un minúsculo rayo de luz esperanzadora, porque aquí uno se acostumbra a saber que nada de eso es cierto, que todo se puede ir a la mierda en el siguiente párrafo. Sonará típico y banal todo esto, peor alguien aficionado a la literatura de terror como yo cada vez lo tiene más difícil para encontrar la emoción que predica el género, y Sergio ha demostrado que no le gusta quedar mal en los retos difíciles.
A todo lo mencionado debemos sumarle dos sombras que cubren la totalidad del relato, y con más parentesco del que algunos creen. Por un lado es inevitable no mencionar a Charles Hoy Fort, investigador que en su Libro de los Condenados recopilaba más de dos mil hechos que ocurrieron a lo largo de la historia y que la ciencia no ha conseguido dar explicación. Una obra cuyo contenido tendrá gran importancia en esta novela, yendo mucho más allá de lluvias de sangre o manchas lunares. Otra sombra que se alza sobre la visión del Madrid apocalíptico de Sergio Moreno es la de la inconfundible y siempre bienvenida figura de Lovecraft, evidente influencia que, por cierto admiraba el trabajo de Fort y deja una clara estampa a lo largo de EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS, donde se refleja su lado más visual y descriptivo y acrecenta la insignificancia del ser humano en el universo.
Tantas referencias, tantos enfoques, así como constantes cambios espacio temporales y alternancias de personajes hacen pensar que estamos ante un libro largo y denso, y es curioso porque cuando llevaba leído un tercio del mismo no podría sino afirmar este hecho, pero tras finalizarlo uno no puede evitar pensar que igual no es que Sergio alargue la historia innecesariamente, sino que la conexión con Darío y el consecuente sufrimiento igual nos supera y terminamos por rogar por el fin de su desgracia. No niego que algunos pasajes puedan alargarse más de la cuenta, y que la obra seguramente no se habría visto afectada en absoluto si se hubiera recortado un poco, pero con el tiempo uno se va olvidando de esto y prefiere verlo no como un defecto, sino como una seña de identidad del autor.
Una de muchas, porque si bien Sergio Moreno maneja la pluma con maestría y guiado por nombres nada desconocidos por los que todos seguimos disfrutando del género de terror, también ha sabido darle personalidad a su trabajo, de un ritmo ágil pero que no desaprovecha momento alguno para ser detallista, tanto con sus personajes como sus escenarios, sabiendo donde apunta con el puñal cuando quiere hacer daño de verdad y manejando la intriga de modo que no querrás parar de leer . Y lo mejor de todo, aunque poca gente suele destacar la importancia de esto, es que se siente la comodidad, el placer que cada párrafo destila por el gusto a la literatura, con sus virtudes y sus defectos (a veces se abusa del uso de algunos términos), pero siempre buscando un estilo propio sin proponerse ser otro Stephen King del montón destinados a acabar en el olvido.. Algo que mucho autores con varios títulos a sus espaldas pierden o descuidan en su acomodamiento y su ego.
Supongo que ha llegado el momento de los "peros", y aparte de los mencionados pequeños errores relacionados con la narrativa (Por ejemplo, en una sola página se usa dos veces la expresión "no se paró a pensar") solo me llaman la atención dos, uno de índole personal y que podéis saltaros y otro terrible.
En un momento bastante avanzado de la trama se desvela la historia de uno de los personajes principales de la novela, y aunque apruebo y admiro toda muestra de crítica social y reivindicación, es este caso no puedo evitar sentir como si ésta, debido a su naturaleza imprevista, lo corto de su desarrollo y la poca relevancia que tiene en apariencia con la historia principal, existiera de manera forzada, exigida y que denota cierta incomodidad al ser escrita. Pero como digo, esto no va más allá de una opinión personal, lo serio viene ahora, y ni siquiera tiene que ver con Sergio y su relato...
Cualquiera que me conoce sabe como trato los libros, sabe que cuando termino de leer una novela podría volver a ponerla en la estantería de una librería y pasar como nuevo. Por eso me jode que un libro como éste, al que considero uno de los títulos más potentes del terror patrio del presente año tenga una labor de edición tan pobre que algunas de las páginas del final se han despegado inexplicablemente del lomo, haciendo que una futura e inminente relectura se convierta en un juego de malabares que inevitablemente hace perder parte del placer de la experiencia. Duele que un contenido de la calidad de la presente obra, del trabajo de ilustración de Alberto Góngora, que si bien no es de mis favoritos, su trabajo siempre es admirable, tenga un continente que no esté a la altura.
Pues si, EL OLOR DE LAS HOJAS MUERTAS es, como habéis leído un poco más arriba, uno de los mejores títulos de terror publicados este año que podéis encontrar. Una historia llena de imaginación, talento y sentimientos batidos para dar como resultado una historia terrorífica, emotiva, dura y cruel, en ocasiones injusta y con uno de esos desenlaces tan apoteósico que resulta difícil de digerir pero que no puedes parar de disfrutar.
Esta es una de esas novelas que son puro gozo pero que no evitan dejar cierto temor en el aire... preguntándote si el autor estará a la altura en su próxima obra al haber soltado aquí tal cantidad de artillería. ¿Cómo será el segundo asalto?
domingo, 6 de diciembre de 2015
Reseña: LA ÚLTIMA RONDA de Antonio S. Vazquez.
Autopsias Literarias del Dr. Motosierra presenta:
LA ÚLTIMA RONDA de Antonio S. Vazquez.
El turno de noche es el más sencillo. Con el centro comercial vacío, la misión del vigilante de seguridad consiste en echar un vistazo a las cámaras de vez en cuando y hacer una ronda cada dos horas. A Curro le parece un trabajo sencillo, aunque se siente nervioso porque es la primera vez que trabaja como guardia jurado y quiere hacerlo bien. Su estado de nerviosismo crecerá en cuanto su jefe se marche y le deje a solas en el edificio. Pero en realidad no está solo, algo se esconde entre la oscuridad de los pasillos y los laberintos de estanterías. Lo que en un principio se le antoja un intruso de carne y hueso, se manifiesta poco a poco como una presencia hostil que le hace ver que el intruso es él. Curro comprende que los sucesos acontecidos en aquel lugar, hace una década, no fueron fortuitos, y que su llegada ha marcado el inicio de un nuevo ciclo: el espíritu que habita en el centro comercial ha regresado, y quizás todo el valor y el ingenio de Curro no sean suficientes para salir de allí con vida.
Un edificio con un pasado oculto. Un hombre atormentado por sus propios fantasmas. Una trampa mortal. Una carrera por la supervivencia.
La cosa va de centros comerciales.
Estos grandes establecimientos siempre han causado un efecto hipnótico en nosotros, desde nuestra más tierna infancia. En esos años, cuando nuestra vida se limitaba a lo que la televisión quisiera mostrarnos y a las historias que nuestra imaginación fraguara en conjunto con nuestra mente y el baúl donde almacenábamos nuestros juguetes favoritos, una frase como "te voy a vestir que nos vamos al (Insértese nombre del centro comercial más cercano o con la juguetería más grande)" causaba en nosotros el mismo efecto que debió causarle a Bilbo lo que Gandalf el Gris le dijo en la puerta de su casa, algo así como "retaco, ponte gallumbos limpios que este finde triunfas".
Las visitas a los centros comerciales suponían un sinfín de posibilidades dentro de la mente infantil: La visualización de un estreno en los cines, la posibilidad de que un nuevo muñeco de acción se sumara a las filas de tu ejercito de soldados mancos, cojos, o descabezados, salivar pensando en el Happy Meal que te ibas a meter entre pecho y espalda como un señorito degustando exclusivas delicatessen de niño rico.
Aunque, claro está, no faltaba hueco entre tanta maravilla surgida de algún país de Nunca Jamas para cierta sensación incomoda que se traducía en uno de nuestros mayores temores: Perdernos en un espacio tan amplio que se nos antojaba casi infinito. Supongo que nuestros padres pensaban que ese miedo venía provocado por esa harto escuchada amenaza que dice algo como "No te alejes de mí, que como te pierdas vendrá un hombre malo y se te llevará". Aunque la realidad, o al menos lo que nuestra imaginativa mente consideraba real, solía tener un origen más fantástico, más acorde con la mente de un niño. Nos sentíamos aterrorizados imaginando esos largos pasillos a oscuras, como si al llegar la noche alguien cerrara las verjas de todas las tiendas y al mismo tiempo liberara una jauría de monstruos venidos del profundo averno con el único objetivo de cazar niños extraviados y hacer longanizas con sus entrañas.
Ya. Lo se. No dejan de ser miedos infantiles, pero tenéis que reconocer que un centro comercial a oscuras impone respeto y temor, y que esa atmósfera misteriosa pide a gritos historias donde el miedo, la muerte y lo paranormal sean elementos fundamentales...
... pide a gritos historias como ésta ÚLTIMA RONDA de Antonio S. Vázquez.
Y es que el género del terror no es nuevo para el presente escritor. Ya sorprendió gratamente hace unos años con ZONA CATASTRÓFICA, relato zombi que si bien no era un alarde de originalidad, sí se descubrió como una magnífica muestra de entretenimiento y morbosa diversión, amen de calidad literaria.
Un tiempo después nos regaló ¡HAY ALGUIEN AHÍ? un título que mezclaba no uno, sino dos fetiches de las clásicas historias de miedo: La Ouija y los muñecos poseídos. No la he leído, así que no juzgaré.
Lo que si es cierto es que para bien o para mal a Antonio no le sacan de géneros que si bien no están de moda en la actualidad, sí que han dejado su huella con anterioridad. Seamos sinceros, yo antes de bibliófilo fui cinéfilo, y usar un centro comercial como escenario para contar una historia de fantasmas no es descubrir la Coca Cola, ni siquiera aunque el resultado sepa mejor que la Pepsi.
Muestras de ello las encontramos en películas recientes como VIRAL, cinta infame donde un friki debe aguantar no se cuantos días en las instalaciones de un Fnac de Madrid donde ocurren sucesos inexplicables. Pero si un largometraje tenemos que tener en mente mientras leemos LA ÚLTIMA RONDA, esa es sin duda, como muchos habrán imaginado, REFLEJOS (Mirrors. Remake de Al Otro Lado del Espejo) protagonizada por Keifer Sutherland.
Comparemos las sinopsis si queda algún amago de duda: Un guardia de seguridad recién contratado para la vigilancia de un centro comercial en el turno de noche. Desde el minuto uno, descubrirá que un ente maligno hace presencia en las instalaciones amargándole la vida.
Y ya esta.
Ahora bien, que nadie se lleve a engaño. No por esto estoy crucificando boca abajo la obra de Antonio, ya que, como demostró en su debut con los muertos vivientes, si algo sabe hacer, es enganchar al lector. Y lo hace de maravilla.
La narrativa de LA ÚLTIMA RONDA es sobresaliente en muchísimos aspectos. Escenografía, personajes, emociones, ritmo y claridad a la hora de relatar los hechos.
Ahí tenemos a Curro, el protagonista. Una persona cualquiera, que podrías ser tu, podría ser yo y el vecino del quinto. Su nexo acción-reacción resulta de lo mas natural, ya venga motivado por un ligero temor, un miedo creciente o la más absoluta desesperación. Pieza clave de la historia al que acompañarán diversos personajes secundarios igual de bien tratados, en especial algún que otro personaje que, al poco de conocer uno piensa que se le puede sacar un partido tremendo en otros títulos.
Pero si hay un personaje que atrae la atención del lector desde el primer momento, es, como resulta tradicional el historias de esta rama es, el centro comercial. Antonio S. Vázquez sabe sacar el máximo partido a cada planta, cada recoveco y a cada producto a la venta, aunque en éste último aspecto termine recurriendo a los clásicos. No obstante, cada ronda se convertirá en un ejercicio de recursos que se convertirán en un Best Of de los poltergueists muy bien llevado, que no resulta cantoso por su uso indebido o repetitivo, sino que es llevado a un terreno que se domina, para dar al lector incluso más de lo que busca.
El uso de dichos recursos rememora en cierto modo el cine de terror de los ochenta en varios aspectos, entre los que destaca la muestra anticipada de elementos relevantes. Es decir, desde los primeros capítulos se nos irán presentando mil y un elementos que dejarán claro que tendrán su importancia tarde o temprano para la resolución de las escenas. Un Deux Ex Machina que clama a gritos su presencia, por lo que su uso no se hace exagerado, sino a veces necesario, que ayuda al autor a seguir una linea recta sin perderse necesario y al mismo tiempo crear un ligero suspense en el sufrido lector que no parará de preguntarse "¿Y cuando va a usar eso?, A ver si llega la escena donde sale aquello..., etc".
La tensión que consigue crear a lo largo de la historia también destaca en algunos momentos. Existe alguna que otra situación bastante ridícula, no me lo voy a guardar. Momentos que podrían haberse llevado de otro modo o directamente cambiarlos en su totalidad como, por ejemplo los acontecimientos que ocurren en la joyería, sin embargo hay otros de morderse las uñas, o morderle un ojo al escritor, ya que algunas secuencias son alargadas intencionadamente desesperándonos, rogando que ocurra ya lo que tenga que ocurrir. Y a veces sorprende, porque lo mas inverosímil, lo que uno piensa que no puede ocurrir porque sería una salvajada o una excusa para acordarte de la raza del escritor es, como todo, posible.
LA ÚLTIMA RONDA es un libro que se lee en un suspiro. Ya no solo por su corta duración (apenas 160 páginas) sino por su ritmo endiablado que invita a leerlo de un tirón.
Como dijimos anteriormente, no estamos ante un alarde de originalidad. ya sea por la trama central como por los elementos que la componen, aun así, lejos de ser considerado plagio, denota afán de homenaje, de crear algo nuevo partiendo de materiales reciclados. Y eso esta bien, ya que lo convierte en una lectura ligera, y rápida, ideal para cualquier momento, sobretodo tras alguna lectura soporífera o demasiado densa. (Nota para los que buscan la mínima oportunidad de saltarme a la yugular: Alguno estará pensando que si doy tanta importancia a la originalidad de a historia, cómo es que alabo tanto este titulo y en cambio obras como PROYECTO EXITIUM Z las critico tan duramente (blablabla amiguismos, blablabla, soborno...). Es sencillo, no es solo saber crear una historia interesante, es saber llevarla. Y a veces, una trama contada anteriormente puede ser tan atractiva como la primera vez si se sabe como narrarla)
Así pues, estamos ante una obra de gesto cambiante para quien la lea. Al principio puedes poner cara de extrañeza e incluso fruncir el ceño ante la falta de ideas nuevas, pero poco a poco, el rostro ira turnándose mas concentrado, asustado incluso, hasta llegar a un desenlace, tal vez demasiado previsible, pero no desacertado. Si a alguien le diera por escribir una nueva serie de libros de PESADILLAS de R. L. Stine, pero dirigida a un publico adulto, LA ÚLTIMA RONDA sin duda merecería estar entre ellos.
viernes, 4 de julio de 2014
Reseña: EL DIARIO OSCURO de Karol Scandiu
Autopsias literarias del Dr. Motosierra presenta:
EL DIARIO OSCURO de Karol Scandiu
Acostumbrado a la soledad y al anonimato, propios de su inmortalidad, Philip no se mezcla ni tan siquiera con los de su propia especie. En un desafortunado encuentro con un antiguo compañero de andanzas, él salva a una humana de manos de éste. Sin saber por qué razón lo hizo, Philip se ve de pronto encadenado a la presencia de ella, una joven llena de secretos, con un horrible pasado, un presente vacío y un futuro incierto.
Jane lleva mucho huyendo, decidida a desaparecer y dejar atrás toda su vida e infancia, cuyos recuerdos están teñidos en sangre y odio. Una niña que nunca lo fue, una inocencia perdida desde hace mucho, y lo que la depara el futuro, es tan borroso como el presente que la rodea.¿Qué harías, si solo un verdaderos monstruo fuera capaz de protegerte?
Odio a los vampiros.
No, no me entendáis mal, no quiero decir que me den miedo, o que me pegaban de pequeño. Ni siquiera mi primer encontronazo con Drácula fue malo. Mi problema con los vampiros viene desde hace tiempo, concretamente desde el año 2005, en el cual, una señorita cuyo odio hacia mí no debía conocer fronteras me tendió un libro y me dijo " léetelo, te va a gustar"...
Si queridos. 2005 fue el año en que la primera entrega de la saga CREPÚSCULO tuvo la desfachatez de publicarse en el mercado nacional, destrozando mentes inocentes con absurdas ideas sobre amor necrofílico/zoofílico y dando estúpidas y machistas ideas de como tenían que ser las relaciones entre adolescentes y, claro esta, prostituyendo y destrozando la imagen del vampiro clásico.
Desde que el frustrado Vlad tepes decidiera cambiarse el nombre a Drácula y prefiriera ir mordiendo cuellos a un buen rioja mucha gente ha usado la figura del vampiro como excusa para escribir estanterías y estanterías de novelas. Bram stoker o Anne Rice mezclaron de manera soberbia el terror con la novela romántica mientras otros como Guillermo del Toro convirtieron al vampiro a algo poco mas que un zombi sediento de sangre. Llegó la Meyer y se fué todo a la mierda...
Menos mal que ha llegado nuestra Karol Scandiu para demostrar que no todo estaba perdido.
A ver, EL DIARIO OSCURO no deja de ser una novela donde predomina mas el romanticismo (sobrenatural) que el terror. No estoy acostumbrado a leer novelas así y es por ello que en ocasiones me sentía como si me hubiera tragado un tarro de miel entero. ¡SIN EMBARGO!...
...Estamos ante una historia que, a diferencia del infame ejemplo anterior, está muy bien escrita y donde se nota el cariño que la autora le tiene a este trabajo. Cada linea, cada renglón rebosa ese sentimiento de "hago ésto porque me gusta, no porque me paguen" algo que tristemente se está perdiendo y donde parece que el compromiso predomina sobre la mente del escritor. Karol ha conseguido con esta novela una trama que atrae, engancha e incita en todo momento a saber como sigue.
Otro punto a favor es que, para ser una novela de corte romántico es mas cruda y oscura de lo que nos tienen acostumbrados, dejando a la figura del vampiro, la cual debería ser objeto de todos los sustos en un segundo plano en comparación con la crueldad del mundo real demostrando, una vez más, que la realidad supera en muchos casos a la ficción.
No sería la primera vez que un escritor intenta plasmar en uno o varios personajes (En el caso de EL DIARIO OSCURO: Donnie) toda la locura y obsesión que puede ser capaz de albergar el día día de nuestra actualidad y terminan creando una burda caricatura de lo que realmente querían hacer. En el caso que nos ocupa, la autora ha creado un personaje odioso y repulsivo, merecedora víctima de todas las maldiciones gitanas que se nos puedan ocurrir.
Lamentablemente no he terminado de empatizar con el resto de la mayoría de los personajes, en especial con el vampiro Philip Moonfark, al cual le veo un obsceno sentido de la propiedad hacia una persona de la cual se supone que debería estar enamorado. Sin embargo, términos cercanos al "eres mía de nadie mas" o "no quiero que nadie mas que yo hable con ella" deforman, a mi manera de ver el sentido que debería tener una relación romántica. Que igual es por su naturaleza vampírica, pero a mí al menos me ha incomodado bastante.
La otra protagonista, Jane, tampoco se libra. Entiendo que ha sufrido lo indecible, que prefiera estar muerta antes que volver a pasar por todo lo que ha pasado, pero lejos de convertirse en una luchadora como algunos a lo mejor esperan, termina pareciendo más una especie de mujer florero que no para de quejarse de como la ha tratado la vida mientras unos y otros se la pasan como una pelota de tenis preocupándose más por lo que sienten ellos que por lo que puede estar sintiendo la pobre muchacha. Pero como ya he dicho, son opiniones solo mías.
Total, que al final el personaje con el que más me he sentido, por decirlo de alguna manera, a gusto, ha sido con el detective Paul Mullray, por lo que he lamentado la falta de protagonismo de este.
Como ya comentaba anteriormente, la novela, aparte de las numerosas escenas románticas, también destaca por una violencia y acción poco común en estas historias. Gracias a ello se mantiene una figura clásica de lo que debería ser un vampiro. Una figura elegante, triste y sentimental, pero también un carnicero cuando la ocasión lo requiere. Así que sí, agradecemos que como una buena novela de vampiros, hay sangre.
Entiendo también que este es el primer volumen de una futura saga, por lo que algunas tramas que se han quedado en el aire tendrán la posibilidad de ser resueltas, lo cual es un alivio y un aliciente para seguir de cerca los futuros acontecimientos.
Finalizo con un par de cosas que me han llamado bastante la atención.
Por un lado, el titulo. Me llama la atención que la novela se llame EL DIARIO OSCURO cuando en realidad las paginas que se llegan a escribir a lo largo de la historia como un diario propiamente dicho apenas alcanza la docena.
Por otro lado, en algún momento de la novela se usa formol para dejar inconsciente a un personaje. No tengo la carrera de medicina pero tras comprobar varias paginas webs creo que he llegado a la conclusión de que el formol no tiene las mismas aplicaciones médicas que el cloroformo...
En conclusión, no esperéis encontrar una copia de CREPÚSCULO y demás mierda en las paginas de esta novela. A diferencia de ellas, en EL DIARIO OSCURO hay talento, calidad e historias interesantes. Y lo dice alguien que le gusta mantenerse lejos de las novelas de vampiros y más todavía de las románticas.
Eso sí... sigo odiando a los vampiros.
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